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martes, 27 de agosto de 2013

El horrible campo colombiano


(c)Elespectador.com
 

Sombrero de mago

26 Ago 2013

El campo, ese lugar horrible donde los pollos andan crudos, que decía Óscar Wilde, es en Colombia espantoso, no por los pollos, sino por todas las miserias

 
¿Qué significa ser campesino en un país sin reforma agraria? ¿Cuáles son las condiciones de vida de un campesino pobre, sin tierra, sin alicientes para la huerta? Durante años, el campo en este país de abundantes desgracias, ha sido sangriento, y en muchos momentos de su historia no había tanto pollos como “pájaros”, aquellos escopeteros tenebrosos que, al servicio de grandes terratenientes, sembraron de terror montes y llanuras.
 
 
En otros días, no muy lejanos, a los campesinos se les perseguía, descabezaba, volvía añicos, sus restos se tiraban a un río, o se dejaban a la exposición bajo un cielo de sangre; a los que corrían con “mejor suerte” se les expulsaba de sus heredades y con corotos y todo tenían que irse a la ciudad, a engrosar los cordones de miseria y la expansión tugurial.
Muchos terratenientes iban extendiendo sus alambradas hasta el infinito e imponiendo su feudalidad a sangre y fuego. El campo, que en los cincuenta era ya sede de un conflicto armado liberal-conservador, se puso peor después, y los campesinos se movían -y perecían- entre varios fuegos: los del ejército, la guerrilla y los paramilitares. Y de tierra, nada. “Se va o lo desaparecemos”, era una de las decenas de amenazas.
 
 
Ser campesino en Colombia está ligado al vasallaje, a los peonazgos. Hay hasta cantos bucólicos de ciertos dueños, cuando ven en sus inmensas extensiones a trabajadores agrarios, pero que no son propietarios, sino jornaleros. Víctimas de distintos bandidajes, los campesinos colombianos han oscilado entre las macheteadas, las balaceras, las persecuciones y las motosierras. Con el proyecto paramilitar, muchos miles fueron arrojados de sus parcelas, condenados a la condición dolorosa de desterrados y desplazados a la fuerza.
 
 
Pero parece ser que más violentas que las mafias, los paracos, las guerrillas, son las transnacionales. Después de suscribirse el tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia, la situación de campesinos, de agricultores, empeoró. Recientes denuncias advierten sobre el peligro que representa tener semillas. Las transnacionales, a las cuales el gobierno colombiano ha servido como gran prostituta, comenzaron sus maltratos contra aquellos que guarden semillas extranjeras “genéticamente modificadas”.
 
 
Los campesinos, alzados hoy contra los monopolios extranjeros, corren el riesgo de ir a la cárcel o pagar cuantiosas multas. Y todo porque los serviles lacayos de la dirigencia nacional se empeñaron en proteger unas cuantas semillas extranjeras en detrimento de numerosas y ancestrales semillas que han sido el patrimonio de estas Américas. Sitiados por las transnacionales, los campesinos colombianos están abocados a la ruina, y, de otro lado, tendrán que erguirse como defensores de las semillas libres.
 
 
Muchos campesinos -desplazados y no desplazados- recuerdan por ejemplo las tropelías del pasado gobierno (del cual el actual heredó todas sus mañas y represiones contra el pueblo) sobre Carimagua, que en últimas quedó en manos del ejército, el Incoder y Corpoica, y el asalto a Agro Ingreso Seguro, cuyos subsidios fueron a parar a las arcas de multimillonarios amigotes y áulicos de Uribe Vélez.
 
 
Hoy, muchas titulaciones de baldíos, por ejemplo los del Catatumbo, se destinan a magnates y a sus empresas. ¿Y a los campesinos pobres, qué? Nada. O sí, más pauperización. Más exclusiones. Todo el poder a las multinacionales, parece decir el gobierno, que en la práctica ha demostrado su postración a aquellas y alzado su mano dura contra los que protestan con justicia frente a tantas vulneraciones de su escaso patrimonio.
Los vergonzosos neoliberales colombianos abren sus bocas y piernas a transnacionales como Monsanto, Syngenta y Dupon, con sus semillas de maíz, soya, arroz, algodón; a las de los carísimos fertilizantes y agrotóxicos, ah, sin contar con las de la minería, y destrozan al país. Y todavía hay gente que se pregunta por qué los paros agrarios.
 
 
La cosa es que el campo colombiano no es aquel lugar terrible donde los pollos andan crudos, sino donde los campesinos se acercan cada vez más a la indigencia y a todos los desamparos. Por eso, nada tiene de raro que protesten y luchen por su dignidad, antes de que las transnacionales “patenten” todos los pollos.
 
 
 
Reinaldo Spitaletta
 

'TLC no varió la responsabilidad del país con el campo'

El ministro de comercio, Sergio Díaz-Granados, dice que Colombia importa trigo y cebada porque no tiene las condiciones para producirlo. / Diana Sánchez

(c)El Espectador.com
 
 
26 Ago 2013           

Mincomercio niega efecto del acuerdo en paro agrario

 

Sergio Díaz-Granados asegura que no es cierto que a los pequeños campesinos se les prohíba guardar las mejores semillas de su cosecha para resembrar

 
 
Después de nueve días de paro agrario en el país, en donde muchas de las reclamaciones que hacen los campesinos se refieren a la falta de competitividad de su sector y las desventajas en las que se encuentran frente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, El Espectador habló con el ministro de Comercio, Sergio Díaz-Granados, sobre las repercusiones que ha tenido este acuerdo. Igualmente aprovechamos para tener mayor claridad acerca del debate vigente que hemos tratado en este espacio sobre las semillas certificadas y la resolución 970, que se ha conocido especialmente por un documental que circula en la red al respecto.
 
 
¿A qué fue que Colombia se comprometió cuando firmó el TLC con Estados Unidos en términos de semillas?
 
 
La única cláusula que hace referencia a ese asunto es la obligación y el compromiso de Colombia de adherir a un convenio internacional que se llama UPOV (Unión de protección de los sectores vegetales), esa convención nació a mediados del siglo XX. La primera convención de UPOV fue en el 78.
 
 
Colombia está suscrita a esa convención desde la década de los 80. Lo que pedía Estados Unidos era que actualizáramos nuestro compromiso a nivel internacional en la convención del año 91.
 
 
¿Colombia no modificó los compromisos sobre las semillas certificadas con las negociaciones del TLC con Estados Unidos?
 
 
Decir que Colombia modificó o agregó más responsabilidades de las que tenía en el campo de los sectores vegetales y de las semillas no es cierto. Colombia, independientemente de que se hubiera aprobado o no el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, ya hacía parte del convenio UPOV desde la década de los 80.
 
 
Si eso es así, ¿por qué entonces Estados Unidos exigió que se incluyera la adhesión al UPOV 91 en el acuerdo?
 
 
Porque no es lo mismo tener la protección de los sectores vegetales de Colombia por medio de una decisión andina que por la decisión de dos ministros que tienen rango legal en Colombia y por una ley de la República en adhesión a un tratado internacional que se llama UPOV 91. Yo diría que esa es una de las razones esenciales por las cuales se negoció eso en el año 2005.
 
 
En términos prácticos, ¿qué significa la adhesión al UPOV 91 y que eso se incluyera en el texto del TLC?
 
 
En términos prácticos tiene que ver con los tiempos de protección de una semilla. Los tiempos que están vigentes hoy en Colombia, independientemente de esa obligación del TLC con Estados Unidos, son iguales a los que la obligación pretende establecer. Y están así no ahora, sino desde hace veinte años, desde el año 93. Esos tiempos son válidos para Bolivia, para Ecuador, para Perú y lo fueron para Venezuela hasta su retiro hace dos años de la CAN.
 
 
Ya que habla de semillas y tiempo de protección de las mismas, ¿qué es lo que están protegiendo con el acuerdo?
 
 
Las semillas certificadas no son nada distinto al registro de una variedad vegetal que tiene alguna mejoría. Por ejemplo, si alguien se va a un laboratorio y mejora un espécimen, eso le da derecho a la protección intelectual por los tiempos que invirtió en investigación.
 
 
Hablando por ejemplo del arroz, que ha sido el producto que se ha discutido recientemente, ¿cuántas semillas certificadas extranjeras registradas de arroz hay en Colombia?
 
 
Ninguna. Hay 76 semillas registradas y todas son de laboratorios colombianos. La mitad de ellas inclusive del gremio arrocero, Fedearroz.
 
 
 
¿Un pequeño campesino puede retener las mejores semillas de su cosecha, de acuerdo con lo que se acordó con el UPOV 91 y se refrendó con el TLC?
 
 
En ese acuerdo de la región andina se creó una excepción para proteger al pequeño agricultor, determinando así que un campesino que tenga menos de cinco hectáreas en Colombia pueda retener semillas, clasificarlas o volverlas a sembrar y no le aplica la normatividad de la que le he venido hablando.
 
 
 
¿Una persona que compre semillas certificadas y después de la cosecha guarde las mejores para resembrar no está incurriendo en algo ilegal?
 
 
El pequeño agricultor, aquel que tiene menos de cinco hectáreas, puede hacerlo perfectamente. No está incurriendo en ninguna violación de una norma. Lo puede hacer, además, no en función del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, sino en función del acuerdo de la región andina que está vigente.
 
 
 
¿Cree que es posible para un campesino exportar un producto si éste no proviene de semillas certificadas?
 
 
Todo depende de los procesos. Un producto determinado, ya sea arroz, maíz o papa, que son los que tienen hoy algún tipo de protección a sus semillas, puede ser exportado sin importar de donde vengan las semillas. Lo que importa no es tanto el tipo de producto, sino la calidad de los procesos.
 
 
 
Si lo que importan son los procesos de calidad, ¿qué tan factible es que con nuestros procesos podamos exportar a Estados Unidos y Europa?
 
 
Aquí hay una realidad económica y es que Colombia consume el arroz que produce, nosotros no somos un país que produzca arroz para exportar.

 

Sí, pero no le estoy hablando sólo del arroz…
 

 
Sí, pero en el caso especifico del arroz le puedo dar una cifra exacta de semillas certificadas y protegidas, 66 de las cuales el 100% son de empresas y de investigaciones colombianas. Pero como las de arroz, igualmente las de caña de azúcar por ejemplo, 100% de ellas es de investigación de nuestro país. No hay una sola hectárea sembrada de caña de azúcar en el Valle del Cauca que no sea de semillas colombianas.
 
 
 
¿Qué beneficio le ha traído la firma del TLC con EE.UU. al agro colombiano después de firmado el acuerdo, cuáles son los principales productos agrícolas que están llegando a Colombia desde allá?
 
 
Lo que primero quedó desgravado fueron los cereales. Las importaciones agrícolas están hechas sobre trigo y cebada, que son los productos que Colombia no produce porque no tiene las condiciones. En los próximos 20 años vamos a ver una evolución de Colombia hacia la explotación agrícola de productos que tengan que ver con su condición climática.
 
 
 
Ahora la pregunta a la inversa: ¿Nosotros qué productos agrícolas estamos enviando a Estados Unidos desde la entrada en vigencia del TLC?
 
 
Han crecido las exportaciones de frutas, de azúcar y se está entrando en una negociación con el tema de quesos frescos.
 
 
 
Después de todos los posibles beneficios que nos vendieron del TLC, ¿no deberían ser más los productos agrícolas exportados a Estados Unidos?
 
 
Estados Unidos es el mayor productor de carne del mundo, pero asimismo el mayor consumidor. México tan solo después de cinco años de firmado su acuerdo logró exportar carne a ese país. Por eso nosotros estamos trabajando con miras a lograr eso pronto. Asimismo vemos un potencial enorme en el sector de los aguacates.
 
 
Por: Camila Zuluaga
TLC no varió la responsabilidad del país con el campo'

                POR UNA COLOMBIA DECENTE, EL POLO PRESENTE               

domingo, 25 de agosto de 2013

¿Por qué apoyo el paro?

(c)EL POLO
Por Alba Luz Pinilla Pedraza*


Apoyo el Paro Nacional por convicción de vida, siendo así consecuente con lo que pienso, digo y hago. En nuestra ardua labor legislativa siempre hemos hablado de frente al país, diciendo lo nefasto que llegan a ser algunos proyectos de ley presentados por el gobierno santista y su Unidad Nacional. 
 

Hoy justamente estamos viviendo la crónica de una muerte anunciada, pues desde la Bancada del Polo Democrático Alternativo, venimos, desde hace años, advirtiendo lo funesto que resulta que Colombia esté rompiendo el Record Guiness, del país, a nivel mundial, que más tratados de libre comercio ha firmado. TLC´s que ponen en riesgo la soberanía y seguridad alimentaria y el ya debilitado sector industrial del país, pues estamos viendo en estos momentos como nuestras empresas y nuestros campesinos se están quebrando, y no de un solo sector de la economía, sino de todos, poniendo al país en un escenario de competencia desequilibrada, máxime si se tiene en cuenta que los últimos gobiernos no han desarrollado estrategias eficaces para conjurar los efectos negativos de una apertura a los mercados en desigualdad de condiciones. En suma, el gobierno nacional en lugar de proteger al campesinado, protege a quienes menos lo necesitan como sucedió con el famoso caso de Agroingreso Seguro, que terminó beneficiando a reinas de belleza y poderosas familias del país.
 


Mientras tanto, el gobierno está criminalizando a las y los campesinos que guardan y cultivan las semillas nativas y heredadas de nuestros antepasados, y eso no lo digo yo fantaseando, lo demuestran leyes como la 1032 de 2006, donde se establece prisión de 4 a 8 años y multas que van desde 26.6 a 1.500 Salarios Mínimos a quienes no utilicen las semillas “debidamente” registradas. Eso es, que las y los colombianos perdimos el derecho a la identidad y al patrimonio que nos daban nuestras semillas. Semillas que nos garantizaron durante siglos una gran variedad de productos alimenticios sanos y en significativa cantidad, y a cambio nos están obligando a comer productos de semillas transgénicas.
 

La soberanía y seguridad alimentaria también se ven amenazadas cuando nos estamos quedando sin empleo, ya que si seguimos al pie de la letra lo que significa empleo dentro del Código Sustantivo Laboral, podemos aseverar que en Colombia menos del 30% de la población activa laboralmente tiene un empleo formal y digno, y no conformes con esto, los TLC´s que se han firmado han puesto en riesgo la estabilidad de muchas de nuestras industrias, por ejemplificar pongo el caso de las y los fabricantes de calzado que han tenido que cerrar sus pequeñas y medianas industrias porque están llegando al país zapatos de costos y calidad bajos, que no sólo están poniendo en riesgo la estabilidad económica de las y los fabricantes, sino también la salud de quienes los utilizan.
 

Si continuamos mencionando casos, haríamos una lista de no acabar, pues también podemos mencionar los altos costos de gasolina, impuestos, las artimañas realizadas para que con la “reforma” a la salud se continuara protegiendo a las EPS´s, logrando que la salud continúe clasificando a la población colombiana en ciudadanos de primera y segunda clase; y ni mencionar el alto costo de la vivienda en el país, donde cada vez se ve más lejana la posibilidad de tener una casa propia, pues algunas personas que lograron comprar sus casas mediante la UVR (o el UPAC), a pesar de sus grandes esfuerzos, se están dando cuenta cómo sus esperanzas se desmoronan ante los intereses del sector financiero y la desprotección estatal, a quienes parece que no les importa ver las lágrimas que suplican no les dejen en las calles.
 

*Representante a la Cámara por Bogotá - Polo Democrático Alternativo.
 

24 de agosto de 2013.

 
 
                 POR UNA COLOMBIA DECENTE, EL POLO PRESENTE