Es innecesario poner en
riesgo la salud y el bienestar de las personas deteniéndolas. En lugar de eso,
los Gobiernos pueden utilizar alternativas basadas en la comunidad que son más
dignas para los migrantes y más rentables para los Estados.
La detención perjudica
gravemente a casi cualquiera que la experimente. Estudios científicos sobre los
solicitantes de asilo detenidos demuestran que la detención desencadena graves
síntomas clínicos de depresiones severas, ansiedad, trastorno de estrés
postraumático e incluso autolesiones.