domingo, 27 de abril de 2014

ENTRE LA TIBIEZA Y EL INFIERNO


Por JAIRO N. ESPINOSA


Para Pda-Polo Bélgica

Los acuerdos programáticos y electorales entre la UP y el PDA abiertos a otras fuerzas, en la perspectiva electoral hacia la Presidencia de la República e implícitos (según quienes hilan fino) para la elección de Alcalde de Bogotá, no pueden pasar inadvertidos para el Congreso de los Pueblos, el Movimiento Progresistas, Marcha Patriótica, Partido Verde (despeñalozado) País Común, Poder Ciudadano y para todo el arco iris alternativo, incluyendo al conjunto movimiento social, las étnias, las minorías, por supuesto, también a las insurgencias y ni hablar de la emigración. 
 
 
Algunas personalidades democráticas que, ante la fragmentación de la izquierda como eje de la oposición real, habían tomado provisionalmente partido en favor de la reelección para “garantizar la paz”, de hecho, hoy lo están reconsiderando. Pueden confirmarlo sus artículos de prensa, entrevistas, etc., lo cual es un síntoma para  la recomposición democrática y de la lectura que se viene haciendo en el seno de los electores del significado esperanzador de este acuerdo entre las caracterizadas fuerzas de izquierda cuyo eje es la unidad para la paz democrática.
 
 
Otros, también hay que subrayarlo, con la misma tibieza que actuaron en la contienda por la “renovación del Parlamento”, reeditan la “libertad a sus organizaciones” para participar o no en la  elección Presidencial, siempre teniendo en cuenta “el bien supremo de la paz”, y hasta con la ilusión de que una respetuosa apelación a la magnanimidad presidencial, podría concitar una papeleta de consulta por la paz que les abriera el camino a una participación tangencial. Los atrapados por el calendario electoral, un poco desorientados, hacen contactos con uno u otro sector para no aislarse más. Pero los hay también, menos tibios, con acercamientos “discretos” a la Unidad Nacional santista y no deja de haber unos cuantos, con el as bajo el mantel (de una vergonzosa participación burocrática)  merodean por el uribismo con cualquiera de sus tres variantes, “argumentando” que  “coinciden” en la necesidad de una paz!. Pero paz, a la brava!.
 
 
Como la historia tiene “digestiones lentas y andar pausado”, se corre el riesgo de borrar de la memoria los ingredientes componentes de la ingestión y quienes fueron los cocineros. Aún así,  deben recordarlo  los que hicieron desde el narco-paramilitarismo los acuerdos con Santos (como Mindefensa) y Uribe (como Presidente) y que hoy pagan en las cárceles norteamericanas su confianza en el almíbar del “reconocimiento político” que les resultó  mutante en salsa de extradición.  Tampoco lo olvidan los descendientes y parientes de guerrilleros liberales que negociaron con sucesivos gobiernos al precio de sus asesinatos. Y qué decir de los reinsertados cuyas vidas penden del hilo de la “lealtad” al gobierno!.
 
 
Así que, de no haber la participación de un movimiento social y político por la paz, con fuerza electoral contundente, con (los testaferros de) Uribe o con Santos como interlocutores, no habrá solución política al conflicto social y armado en Colombia;  con ellos, no habrá paz con justicia social y cualquier negociación tendrá la absoluta garantía de la traición. Lastimosa, pero sabiamente, así  lo ha demostrado la experiencia reciente. De esto la insurgencia, en su conjunto, es consciente así como también tiene claro que la campaña contra el gobierno venezolano es un torpedo contra  proyectos como la Zona de paz Guajira-Zulia, la paz en Colombia y los avances progresistas en América Latina.
 
 
Es, en este terreno, donde los acuerdos programáticos y electorales entre el PDA con Clara López a la Presidencia y la UP con Aida Abella a la Vicepresidencia, que habrán de complementarse con otras fuerzas que apunten a recuperar efectivamente la Alcaldía de Bogotá, encarnan la alternativa, la única en el marco institucional actual, en el camino hacia la  Paz con justicia social. Los sectores populares, el arco iris del movimiento alternativo,  saben del potencial infinito de la unidad, por encima de las dificultades, que  está en condiciones de crear un hecho político sin precedentes: “asaltar” electoralmente la Presidencia, la Alcaldía de Bogotá y abrir un camino cierto y seguro hacia la Paz en Colombia y la solidaridad latinoamericana.
 
 
Esperar que culminen los diálogos de La Habana para avanzar luego, es políticamente guiarse por la lógica de la ingenuidad, puede ser también expresión del oportunismo, del mesianismo, o cualquiera otra cosa, menos lo que el país y la misma insurgencia demandan.  Renunciar a la lucha política, en estos momentos es abrirle el camino al Santo-Uribismo, renunciar a la unidad (por incómoda que nos parezca) es dejar pasar una coyuntura única (división en las alturas, proceso de paz, enormes problemas represados,etc), se pagaría muy caro!.  La cuestión es tan urgente que, hoy, entre la tibieza y el infierno, hay solo un paso!
 
 
Jne 
 


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